Nuestro héroe es de verdad: nacional, bien anónimo y mortal

A 100 años del nacimiento de Favaloro, el país se rinde a sus pies. Y pensar que fue maestro del by pass, y murió de un disparo al corazón

El Editor Platense | Fernanda Verdeslago Wozniak
Por Fernanda Verdeslago Wozniak
12 de julio de 2023 - 00:19

Podemos hablar de René Favaloro sin nombrarlo, con decenas de sinónimos que hablan de él a más de 20 años de su muerte. Como también podemos decir que el doctor no se suicidó, sino que los funcionarios y sindicalistas de aquel momento, la falta de empatía y corazón de aquellos de traje, lo indujeron a la terrible decisión que tomó aquel 29 de julio del 2000.

La canción Western de “Ataque 77” lo definió, sin nombrarlo. Un hombre de barrio, de corazón grande, humilde, sincero, directo, estudioso, comprometido, luchador. Un médico que -como cada cual que se pone el ambo- se transformó en superhéroe; con manos que salvaron vidas, con palabras con las que hirió a los que tenía que herir. Y un prócer en época moderna, confirmando que no todo queda en los San Martín, Belgrano o Juana Azurduy. 

Los buenos mueren. Los malos también, claro. Pero lamentamos las pérdidas de aquellos que cambiaron -¡para bien!- la vida de una sociedad, aunque todavía más si salvó a desconocidos. Porque eso también lo convirtió en un referente de nuestro país, aún cuando ni le gustaba festejar sus cumpleaños. Por sus venas corrió sangre caliente que estuvo siempre en pos de nosotros: tanta, que nos hacía parecer que era un corazón gigante andando y bombearía hasta la eternidad.

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A estos hombres, mujeres, se los tiene en lo más alto porque dieron un giro a nivel científico, cultural, social y político dentro y fuera de su ámbito. Patearon el tablero con dos órganos -cerebro y corazón-, sus manos y el poder de la voz. Aunque también porque era de carne y hueso, era real, de verdad, nacional, bien anónimo y mortal. Tanto, que en decenas de países generó un antes y un después.

Como así también que no queda ni puede quedar en un simple recuerdo, de meros homenajes para alguien a quien le gustaba la sencillez del pueblo, de ir a la tribuna techada de Gimnasia y atender a los pacientes. Favaloro sostuvo en su última carta que “ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar”. Favaloro tiene miles de discípulos repartidos en el país y por su trabajo, por sus principios éticos, quedó tanto como referencia de su fundación, escuelas, plazas, bustos y murales. Esa sangre que derramó por los demás quedó en el inconsciente colectivo.

Favaloro no fue solo. Favaloro también fue por su familia, por sus amigos, colegas, profesiones, pacientes, los que los escucharon y los que siempre hicieron (y aún hoy hacen) oídos sordos. Favaloro estuvo en nuestro pasado, trabajó para su presente y cambió el futuro.

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“No se consigue nada sin esfuerzo”, sostenía el egresado del Colegio Nacional y Universidad Nacional de La Plata. “En esta era en la que el facilismo invade muchas áreas, no existen los genios. Habrá alguno que tiene más neuronas, pero si no pone dedicación, esfuerzo, sacrificio no llega a ningún lado”, remarcaba, en un breve mensaje hacia los jóvenes de hoy.

En la vereda opuesta a la desigualdad, pese a las diferencias ideológicas que podría existir con cualquiera, su mensaje era claro pese a que algunos siempre caminaron por la otra: “Uno se debe a la comunidad, vivir para sí mismo pero también para la comunidad y hacer algo para el mundo en el que uno vive”. Y a pesar que esto lo dijo hace más de tres décadas, por algo era el que más sabía del corazón: “A mi entender, en algunas cosas, los jóvenes viven un poco confundidos”. La educación fue su guía, siendo parte de la Universidad que lleva su nombre, tanto dentro de las aulas como en cada casa. Y ahí estaba la sencillez: aprender para dar, y dar para recibir.

Puede escribirse mucho sobre su persona, y él con sus últimas palabras destacó que una vez se lo presentó “como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural”. “Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así”. Hay libros que lo pintan de pies a cabeza, hay murales que lo describen de mano a mano. Sus escritos persisten en bibliotecas, institutos, universidades y más. Y hasta en su ciudad, La Plata (ya que para él su ciudad también lo fue Jacinto Aráuz), se agregó su busto a los ‘Cinco sabios’. Ahora y desde hoy, son seis.

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Liliana Favaloro (65), hija del doctor Juan José Favaloro, el único hermano de René, es junto a Laura (41), sobrina nieta de un total de 11, quienes continúan el legado del apellido y también trabajan en la Fundación. Sin embargo, hay miles y miles que sin ser descendencia directa pregonan y llevan adelante aquellos principios como los que también tienen en su alma tantísimos doctores, docentes, científicos, bomberos y otras profesiones en donde se pone el corazón sobre todo. “No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco”.

Y pensar que fue maestro del by pass. Y murió, de un disparo al corazón

Homenajes en La Plata

Hoy inauguran el nomenclador de la calle 118 con su nombre a la altura de la Avenida 60, frente a la Facultad de Ciencias Médicas y donde tanto tiempo pasó su corazón, el estadio de Gimnasia. Además, se descubre su busto como Sexto Sabio en el Paseo del Bosque, bajo la organización de la Comisión del homenaje a Favaloro.

Gimnasia, como siempre lo rememora, hace presentación de mural en la escuela primaria que lleva su nombre y también el sábado, en el estadio Juan Carmelo Zerillo. Mientras que el domingo, ante Boca, el Lobo saldrá con una camiseta que tendrá estampada una imagen del cirujano.

La movida artística también se unió al homenaje, ya que en el Teatro Municipal Coliseo Podestá -a las 19:30 de hoy- se presenta ‘Un gran hombre’. Y el jueves, en 19 y 51, la obra ‘El Doctor René. La tierra y el pedestal’, más una charla en el rectorado de la UNLP con el cardiólogo López Santi..

Y en CABA, se realizó una gala a beneficio para recaudar dinero con el objetivo de construir un centro ambulatorio lindero a la Fundación. Estampilla y edificios iluminados con azul y rojo. En fin, en todo el país hubo y habrá homenajes a 100 años de su nacimiento.

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